«Sólo siendo nosotros mismos, sólo desde la más genuina autenticidad podemos comunicar algo y conectar de verdad con los demás. Sólo puedes comunicar aquello que eres. Lo demás es teatro, hipocresía…. y tarde o temprano se acaba descubriendo.
Pero, ¿cómo puedes saber que eres tú mismo?.
- Dices las cosas de una manera espontánea (que no es lo mismo que impulsiva).
- Lo que dices, coincide con lo que piensas y sientes. Es decir, eres congruente.
- Haces lo que realmente quieres y sale de ti (o sea, no haces las cosas para agradar a los demás o para complacer).
- Te sientes realmente bien contigo mismo.
Nadie más que tú “hace” que te sientas enfadado, o triste, o deprimido, o feliz, o sexy, o aburrido, etc. A partir de ahora estás en el proceso de decidir por ti mismo sobre tu vida, tus opciones, tus acciones, tus sentimientos, y lo que ves, ¿ porqué no adueñarte del poder de tomar decisiones a todos los niveles?.
Presta atención a las palabras que utilizas, porque ellas forman la base de tus pensamientos. Escucha tus palabras, y date cuenta si ellas reflejan o no tu libertad de decidir por ti mismo, qué sientes o qué haces.
Vives en un espacio que fue diseñado para ti. Es un espacio cerrado, acotado, vallado, lleno de normas, de reglas, de leyes, de prohibiciones. Es un cubo, donde la vida se reduce a tres dimensiones. Te educaron, te enseñaron, te convencieron de que la vida se reducía a eso, que ese era el espacio, todo el espacio posible, porque fuera de esas fronteras, mas allá de esas paredes, sólo existía el caos, el desorden, lo maligno.
Te enseñaron a pensar y a sentir dentro de esa jaula, que para unos es de oro y para otros, la mayoría, de hierros oxidados. Pero siempre es una jaula, y tú su prisionero.
Redujeron tu mente a la mínima expresión, solo lo suficiente para que puedas cubrir tus necesidades animales y vegetales, pero no para desarrollar tus capacidades como ser humano, no para impulsar aquellas cualidades que te permiten pensar por ti mismo, ser tú mismo, aquellas que te conducen hacia la libertad, hacia el descubrimiento de tu potencial, hacia la verdad de quién eres y qué futuro te espera cuando logres salir del cubo, de la prisión, de la jaula.
Te enseñaron a no atreverte, a no arriesgarte, a conformarte con lo que otros consideran bueno para ti, útil para ti, suficiente para ti. A temer a lo desconocido, a aceptar los dogmas impuestos sin pensar si son o no ciertos. A adorar a los “dioses”. Te educaron para obedecer las normas sin hacerte preguntas, a acatarlas con sumisión y, además, con agradecimiento.
Te engañaron y te siguen engañando. Lo hacen todos los días de tu vida. Lo siguen haciendo porque tienen que mantener viva la gran mentira. Es su alimento, su razón de ser; es lo que los mantiene en su pedestal. Depositaron un poco de comida en tu jaula y grandes dosis de diversión enlatada para que estés entretenido, para que no pienses, para que no cuestiones tu vida, tu situación, el sistema, el gobierno mundial del orden.
Al igual que un pájaro, no fuiste diseñado para pudrirte en una jaula, sino para volar, para recorrer el espacio en libertad, para tomar lo que es tuyo, lo que te pertenece, que es todo, porque todo fue creado para ti, sin límites ni fronteras.
Posees un cuerpo físico, tu vehículo, y posees una mente que tiene la capacidad de volar, de imaginar, de crear, de soñar. Sí, de soñar, porque en tu sueño está tu libertad, porque los soñadores son los que rompen los barrotes de la jaula, son los que se atreven a mirar más allá de las paredes del cubo-prisión, por eso son los peligrosos para el sistema, los perseguidos, los rebeldes.
Puedes soñar y luego vivir tus sueños. Y nada ni nadie te lo puede impedir, ni pueden evitar que lo hagas, porque nada ni nadie tiene poder para hacerlo. Esa es tu gran arma, eso es lo único que puede romper las barreras creadas por las mentiras y abrirte las puertas a nuevas realidades, a nuevas sensaciones, a una nueva vida.
Tú puedes soñar otra realidad. Sueña y serás libre, atrévete a romper las cadenas de tu cuerpo y de tu mente. Dentro de ti existe un “dios” que debe despertar, que debe de tomar conciencia de sí mismo. Mira a tu alrededor, y piensa si esa es la vida que un Dios crearía para sus hijos.»